Somontano

El Cartel del Festival Vino Somontano 2017

La verdadera historia de Monti, la mascota del Festival Vino Somontano 2017

Así, a simple vista, podría decirse – y nadie lo negará – que la imagen del Festival Vino Somontano 2017 está basada en la obra “No comfort in the water” del artista croata Lonac. Hasta aquí todo correcto.

Esta observación nos ha llevado a pensar si Monti – el pez que aparece saltando – es realmente quien dice ser. En las siguientes líneas intentaremos arrojar un poco de luz sobre este inquietante personaje… ¿Quién es?¿De donde viene? Y lo que es más importante… quién lo metió en esa copa de agua y por qué salta cuando ve una de vino.

La historia de Montimer S. Vinorov – auténtico nombre de este pequeño pez – no siempre fue fácil. Sabemos que nació en un pueblecito cerca de Zagreb (Croacia) y que poco después fue vendido a un feriante que lo utilizaría como premio en una de sus tómbolas.

En este punto le perdemos la pista. Lo que si sabemos es que fue a parar a manos de un niño – posiblemente el propio Lonac -, nieto de un pequeño bodeguero del país al que acabó regalándoselo para que le hiciera compañía. El fin del verano se acercaba y él debía regresar a la ciudad para volver a la escuela. El pequeño Montimer – Monti –  observaba curioso desde su pecera cada uno de los procesos que realizaba el anciano, y este, no ajeno al interés que mostraba su anaranjado amigo, incluso le explicaba las labores que realizaba y por qué las hacía. Así fue como creemos que aprendió los secretos en la elaboración del vino.

Un buen día – meses después -, estando el abuelo cenando en la mesa, junto a la pecera que allí se encontraba, observó como Monti golpeaba en el lateral de su acristalada y húmeda vivienda en dirección a  la copa de vino que allí había. – ¿Quieres brindar por el nuevo vino… eh? le preguntó retóricamente el anciano como quien no espera recibir respuesta alguna – y acercando la copa para hacer el gesto de tal brindis el pez saltó dentro de ella.

No duró ni medio segundo, que el pez saltó de nuevo a su pecera.

– ¡Por todas la garnachas! ¡¿Qué diantres estás haciendo?! ¡Si querías una copa para ti solo tenías que pedirla! le espetó el abuelo -.

Y así fue, que a partir de entonces, al caer la tarde, el abuelo y el pez compartían un par de copas de vino. Monti solo se daba una vuelta en la copa y volvía a su pecera. El abuelo miraba su viñedo, mojaba sus labios en vino y cerraba los ojos pensando en el nuevo día que estaba por llegar.

Sin duda, Monti tenía un don para la cata: solo saltaba en aquellas copas que fueran de buen vino, pues cuando el descorche no era de su agrado, se limitaba a mirar para otro lado.

Como cada año, se acercaba la feria de vino de mayo, y el abuelo llevó a su pequeño compañero y a su nieto – que había venido a pasar el fin de semana con él – para que todos vieran lo fantástico y especial que era Monti, sin pararse a pensar en las consecuencias que aquello iba a tener…

Chan-chan-charararan…. Continuará

¡síguenos y descubre el final de esta historia!

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