Cultura de vino

Mitos y leyendas: Corcho vs Rosca

Si ayer hablábamos de los famosos sulfitos, (leer entrada) hoy nos levantamos con ganas de más.. tenemos ganas de escribir, ganas de crear cultura de vino y que mejor manera que aunar ambas opciones que lanzando una nueva entrada en nuestro modesto blog gastronómico. Con controversia o sin ella, hoy hablamos de otro de los mitos que rodean al mundo del vino… ¿corcho o rosca?

Si eres de los que ya ha respondido a la pregunta de forma rápida y categórica con una de las dos opciones – quizá me temo que si así lo has hecho, habrás indicado la primera – te invitamos a que tomes asiento, quizá te interese – quizá no – lo que vamos a contarte a continuación, ya que la respuesta no es otra que… depende.

Se habla mucho… – acostumbramos a hacerlo… – en la mayor parte de las ocasiones sin tan siquiera tener una base solida de argumentación. Tenemos prejuicios culturales, hablamos de oídas, de lo que dijo mi cuñado, de lo que leí por encima, de lo que me contaron nosedonde… pocas veces acudimos a una fuente veraz de información, contrastamos esas fuentes y hacemos uso de un verdadero espíritu crítico…pocas o ninguna cuando la experiencia la hemos vivido en primera persona… Por desgracia esto se aplica a casi cualquiera de los temas más candentes en la actualidad y la forma que tenemos de actuar sobre la información que recibimos… pero.. ¡Vayamos al vino!

Las verdades absolutas no existen, o – al menos – así lo creemos nosotros cuando hablamos de como cerrar una botella de vino.

Si nos centramos exclusivamente en el corcho o la rosca, no teniendo en cuenta sistemas alternativos y no buscando extendernos de sobremanera en este tema, diremos que el sistema de cierre dependerá – por un lado – del tipo de vino que estemos embotellando y – por otro – del mercado donde tengamos interés de venderlo – o incluso el país donde lo estemos elaborando; véase vinos del nuevo mundo –.

Cuando se elabora un vino que va a ser crianza o reserva – o incluso los robles tan de moda últimamente-, cuando necesitamos o buscamos que ese vino tenga una evolución en botella que permita ser afinado, utilizaremos un corcho. Básicamente, la crianza de un vino se compone de dos partes: Crianza en barrica y crianza en botella. Ambas son posibles porque tanto la madera de la barrica por un lado, como el corcho por otro, son elementos porosos, que nos permiten que el vino se micro-oxigene y evolucione. Los tiempos vendrán marcados por el tipo de vino que queramos elaborar y la zona o denominación de origen bajo la cual nos encontremos elaborando dicho vino. Cada consejo regulador tiene una normativa por la cual regulan estos tiempos de crianza, en base a las características climáticas de su zona, las características y tipos de uva y sobre todo, de las características de su suelo – Teorrir –.

La cosa cambia – en principio – cuando se elabora un vino joven– sea tinto, blanco o rosado -. Aquí lo que busca o pretende el elaborador es que toda la fruta, todo el aroma… su intensidad… llegue al consumidor en el momento de abrirlo. Para ello no queda otra que, cuanto más sepa aislar el vino del exterior, mucho mejor. y aquí es donde entra en juego la rosca, también conocida en inglés como screw cap o – si no estoy equivocado –bouchon à vis si lo hacemos en francés.

Este sistema permite al elaborador – enólogo o bodeguero – , en el momento en el que inserta el cierre roscado, introducir nitrógeno – u otro tipo de gas noble, inerte al vino – dentro de la botella, creando una atmósfera protectora capaz de aislar y dar aseptividad al producto que se encuentra en su interior.

Realmente este proceso y la instalación que requiere para poder hacerlo, supone un incremento en el coste de elaboración del propio producto… que en principio no será un problema, si el mercado al que va destinado lo percibe como una mejora en la conservación del producto que le están presentado. Por eso decíamos lineas más arriba que depende mucho del mercado en el que esa bodega se encuentre trabajando.

Normalmente este sistema se va a ver en productos de calidad, si estos van destinados al mercado de la exportación, ya que el mercado nacional – en la mayor parte de las ocasiones – lo percibe como un producto de inferior categoría, con el mismo perjuicio que supone prejuzgar un libro por la portada.

Sabemos que hay "vinos malos" con corcho, pero rara vez aplicamos el mismo argumento para los vinos con rosca, dando por supuesto que todos son "malos".

En el vino como en el amor, no hay que tener vergüenza. Hay que probar…  y probar… seguro que descubriréis vinos fantásticos…  y sobre todo… ¡que su sistema de cierre no sea una excusa para no hacerlo!

 

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