Alsacia Cultura de vino

Un viaje revelador: La “Route des vins” de Alsacia

Sin duda, un viaje revelador por Alsacia, descubriendo sus vinos, sus bonitos pueblos con encanto y su poderosa pasión por la tierra.
gastronomia-vino-alsacia
La Gastronomía y vino van de la la mano

Hablar de Francia es hablar de vino. Quizá – tras la Torre Eiffel – fuera la segunda cosa que diríamos la mayor parte de los mortales si nos pidieran enumerar cinco cosas del país vecino. En nuestro caso – y aunque de momento somos también mortales –, no hay duda de que las primeras posiciones estarían reservadas y dedicadas a palabras como fromage o el propio vino antes que al famoso “andamio parisino”.

Las regiones francesas elaboradoras de vino son muchas… algunas de renombre e importancia internacional – y sobradamente conocidas – como son Burdeos(Bordeaux) principalmente por sus vinos tintos, Borgoña(Bourgogne) por blancos o Champán (Champagne) por… bueno, imagino que ya sabéis por qué.

Pero a parte de ellas – y otras tantas otras más – aparece Alsacia– va dilo, si lo estás pensando: “y Lorena” – A ver… Si, es lo típico – ¿verdad? – cuando estudiábamos historia – si es que estudiabais – siempre aparecían juntas por tratarse de territorios en “eterno” conflicto bélico por su posición geoestratégico en Europa, frontera con Alemania y Suiza… paso de la ruta de la seda y mil cosas, pero como de momento no estamos en historia, nos quedamos con la región vinícola de Alsacia, que es la que nos interesa.

La Ruta del Vino de Alsacia– o en francés La Route des Vins d’Alsace es, literalmente, “una” carretera de más de 170 kilómetros que nos llevará desde Marlenheim a Thann – de Norte a Sur – a través de 15.600 hectáreas de viñedo por sus 132 pueblos, algunos de ellos con muchísimo – muchísimo – encanto.

Así como Barbastro lo es de Somontano, Colmar hace las mismas con el territorio Alsaciano en lo que refiere a vinos. Colmar es la capital del vino d’Alsace, no así administrativamente, cuya capital al igual que la de la propia Europa reside en Estrasburgo, ciudad que desde aquí también os invitamos a conocer.

Castillo de Haut-Koenigsbourg
Vistas desde el Château de Haut-Koenigsbourg

Volviendo a los bonitos pueblos de esta ruta, a parte de Colmar que sin duda es un pueblo que hay que visitar, si alguna vez tenéis la posibilidad de visitar Alsacia, no dejéis de hacer las mismas con Obernai, Ribeauville, Riquewihr, Kayserberg, Éguisheim y el fascinante Château du Haut-Koenigsbourg, que más que por el propio castillo en si mismo, que está bien – y que dicen sirvió de inspiración para crear los diseños de la ficticia fortaleza de Minas Tirith del Señor de los Anillos – deberéis visitar por las impresionantes vistas que os ofrecerá sobre todo el valle del Rihn.

La inmersión vinícola – o enoturística – que “sufriréis” a lo largo de todo el territorio es brutal: a cada paso una Bodega, un Vigneron Indépendant, un Bar à vins y por su puesto, una tienda de vino. Pero una tras otra. Bodegas y tiendas de vino puerta con puerta. La mayor parte de ellos, negocios y explotaciones familiares capaces de dar fe de su pasión en cuanto llamas o abres su puerta: ¡Qué intensidad…! auténtico amor y pasión por lo que hacen.

Cuando hablamos de Alsacia, hablamos principalmente de vinos blancos. Algunos de ellos están elaborados con variedades sobradamente conocidas para los seguidores de nuestra denominación de origen más próxima: Riesling, Gewürztraminer, Pinot Noir– os suenan ¿verdad? – También utilizan otras menos conocidas – para nosotros – como el Pinot Blanc, el Pinot Gris, el Muscat o el Sylvaner. Digo para nosotros ya que no entran dentro de las variedades admitidas por el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Somontano y por lo tanto aquí no se utilizan.. no por que sean menos conocidas en términos generales.

Sus elaboraciones cubren todos los gustos. Los hay secos y los hay dulces, más afrutados – o fruité – e incluso espumosos, llamados Crémant d’Alsace, e incluidos bajo su propia “denominación de origen” – aquí llamadas Appellation d’Origine Contrôlée (AOC) diferente a la de los propios vinos alsacianos.

La organización de los vinos en el país galo no corresponde a la formulación que tenemos aquí en España. La calificación francesa le añade un poco más de complejidad si bien es cierto que también nos permite conocer mejor la calidad de lo que tenemos en las manos. ¿Qué quiero decir? A grandes rasgos y sin entrar mucho en detalle, la clasificación oficial española – digámoslo así – diferencia por un lado el origen geográfico del vino – bien por su D.O. bien por su I.G.P. si la tuviera – y segundo por su tiempo en barrica  – Joven, Crianza, Reserva, Gran Reserva – , no implicando necesariamente esto último una escala en la calidad del propio producto, si no simplemente una base de organización en función de sus tiempos de crianza. (No es necesariamente mejor un reserva que un crianza o un joven, por el mero hecho de estar en la categoría “superior”, simplemente es que ha estado más tiempo en una barrica).

Dicho esto, para entender bien como se estructura la calidad de los vinos alsacianos, deberemos diferenciar primero entre tres denominaciones diferentes, dos de ellas por el tipo de vino, AOC Alsace, con 109 millones de botellas producidas, y AOC Crémant d’Alsace, con 35 millones, y una tercera por incluir únicamente a aquellos vinos que destacan por una cuidada elaboración, un terroir d’exception y – por supuesto – por un singular resultado final, que siempre vendrá destacada en su etiqueta con las palabras “Grand Cru”, AOC Alsace Grands Crus. Con esta Appellation solo podremos encontrar el 5% de los vinos producidos en Alsacia (más o menos unos 6 millones de botellas).

Tras esta primera categorización, aparecerían las “menciones”, tales como sus Vendanges Tardives – vendimias tardías – y las cuidadas Sélections de Grains Nobles, donde se realiza una minuciosa tría de los granos de uva en función del avance de la podredumbre noble que sufre su viñedo por las características climáticas que tiene la zona. Esta enfermedad del viñedo – que en ocasiones también tenemos en Somontano – , a través de la selección manual de racimos, permite obtener una mayor complejidad en el vino que posteriormente se elabora, y esto se reconoce con la mención indicada.

y después de todo este rollo… ¿dónde está lo revelador del viaje? Lo empezaba a decir unos cuanto párrafos más arriba. Si algo transmiten es auténtica pasión por el vino y siendo unos apasionados de este no hemos podido sino traernos un poco de esa pasión con nosotros en la maleta… ¡a parte de vinos claro!

Pueblos con encanto Alsacia
Rincón en Éguisheim

Esa revelación también viene acompañada por algo que nos llamó poderosamente la atención y no es otra cosa que su respeto por las añadas y el valor comercial que el vino allí tiene. Se respeta el vino y se respeta a la familia, vigneron o bodega que hay tras su elaboración. ¿Qué quiero decir? En España parecemos vivir en una constante guerra de precios – no solo en el vino claro – pero que no hace sino desmerecer el producto que tenemos. Oferta, Descuento, Si lo encuentras más barato te devolvemos la diferencia, yo no soy tonto y un sinfín más de palabras o expresiones similares. En España parecemos vivir en un frenesí de necesidad de lo nuevo… Cuando sale allá por noviembre la nueva añada de los vinos jóvenes no queremos saber nada de la anterior, cuando quizá – y sin quizá – todavía esté en su mejor momento la añada “vencida” que la que acaba de llegar.

Ejemplo práctico:

Entramos en una bodega – entramos en muchas, pero para el ejemplo con una vale – y tras mucho hablar, pasamos a seleccionar unos vinos para completar nuestra bodega. Y allí estaban, una selección de Gewürztraminer desde la añada 2012 a la 16, a cual más interesante. Pero claro a la vista de su precio, estaríamos confusos: El más joven – al que sin duda y por la forma de pensar antes descrita nos declinaríamos a comprar –, también es el más barato (13,50 €) y el Gewürz de la añada 2012, el más “viejo” resulta ser el más caro, con un precio de nada más y nada menos que 42,75 € por botella. La añada 13 no fue tan buena – nos dice – por eso es más económica. La 14 vuelve a subir hasta los 31 € y así hasta llegar a la 16.

Cada añada tiene su precio en función de la calidad del producto. no hay más.

en cuanto a los viñedos, absolutamente todo lo que vimos era en espaldera, pero entre fila y fila no pasaba un tractor, por lo que entendemos que todas las labores que se realizan en este son manuales. También hay que tener en cuenta la propia disposición de estas en las faldas de los Vosgos, con un porcentaje de inclinación bastante considerable, lo cual también dificultaría las labores mecanizadas.

Tuvimos la oportunidad de dar un pequeño paseo por uno de estos viñedos, aprovechando los rayos de sol que la poderosa niebla que nos acompañó durante nuestra estancia quiso dejar pasar. casualidad o no, por como el suelo estaba pisado, por esa viña pasaban caballerías.

Menudo rollo os acabo de soltar. Si has llegado hasta aquí, enhorabuena, ya sabes algo más de la Ruta del Vino de Alsacia y los vinos franceses – la verdad es que… ¡yo no se si habría sido capaz de llegar hasta aquí leyendo! – Solo espero haber despertado en vosotros el interés por esta región francesa y sus vinos. Si realmente eres un winelover o te apasiona el vino – y tienes la posibilidad de hacerlo – hazlo, tienes que hacer este viaje alguna vez en la vida. realmente, es un viaje revelador…

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