Cultura de vino Gourmet Somontano

¿Jamón Ibérico? con Rosado, gracias

Así como el Kama-Sutra lo es para el arte del amor, cuando hablamos de fusionar comida y vino, son las normas del Maridaje – si, con mayúscula – las que nos guiarán a través de la senda del placer para conseguir alcanzar el tan ansiado éxtasis.  Los placeres no solo son carnales, y aunque en este caso el protagonista de nuestra entrada no sea el propio Vatsiaiana – autor del mencionado manual – seguimos hablando de jamón, así que ¿Por qué buscar otro nombre y no llamar las cosas por su nombre?

A lo largo de los años se ha escrito mucho sobre la armonía entre el vino y la comida, resultando todo ello, de forma más o menos acertada, en una resumida creencia popular que dicta – algo así – como que para pescados vino blanco, para carnes el tinto y el rosado para el que no entiende. Sinceramente, eso vendría a ser algo así como concluir que el libro arriba mencionado se resume en la postura del misionero. Señores, por favor, mantengan la compostura, miremos más lejos y demos alas al amor.

Por encima de cualquier manual – hablemos de sexo o comida – hay un principio personal inalterable a cualquier mandamiento tácito o técnico, y ese es el propio gusto individual de cada uno de nosotros. No a todos nos gustan las mismas cosas y, combinaciones que para nada desearíamos acertadas a nuestro paladar, son el súmmun del sabor para el que tenemos enfrente.

Dicho esto, y volviendo al jamón, bien sea ibérico o – por qué no – de Teruel, acostumbramos a pensar que un buen jamón debe ir acompañado por un buen vino tinto. Si me apuras, añadiremos que si es crianza o reserva mejor. Esta claro que la postura del misionero nos viene bien a todos y que con el jamón ibérico estoy bueno hasta yo pero, ¿qué pasa si hoy sorprendemos a nuestra pareja con algo diferente?, ¿con algo nuevo o poco habitual? Quizá en un primer momento crea que le pudieras estar siendo infiel, – ¿probar cosas nuevas a estas alturas? – pero recuerda, estamos hablando de vino ¿no?.

Busca un buen vino rosado, y si te gusta el cava, hazlo con un buen espumoso rosé. El resultado sorprenderá a propios y extraños.

¿Por qué? esto se debe a un principio básico de armonización de comida y vino: el jamón es graso y salado, el vino tinto es tánico – Aclaración: el tanino es un componente que se encuentra en la piel de la uva y que nos genera esa sensación secante en los carrillos cuando bebemos vino tinto -. Repetimos, evidentemente está bueno – ¿y qué no lo está? –, pero si bebes algo que te “seca” la boca y lo que comes es graso y salado… ¡dímelo tu!. Pero por contra, ¿qué ocurre si esto lo haces con un vino rosado? Ocurre que la acidez de este tipo de vino actuará como un “desengrasante” en tu boca, primero “limpiando” esta de la sensación grasa del jamón y potenciando su sabor y, segundo, dejando una sensación refrescante que palíe el efecto salado.

¿Cómo te quedas? realmente, solo te queda probarlo. Desde aquí te recomendamos dos cosas: Que el vino rosado sea bueno – y si es Somontano mejor – y el jamón también… y aquí ya te aviso: ¡Si lo haces con jamón cortado de sobre no será lo mismo!

JAMON-IBERICO-VINO-ROSADO-MARIDAJE

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