Gastronomía Sobrarbe

La Demba, Arte hecho hotel

A día de hoy, la oferta gastronómica y la relación calidad-precio de la que hace gala la restauración de las comarcas de Sobrarbe y Somontano es, sencillamente, brutal– Si, brutal –. Esta afirmación no es discutible: Podemos encontrar restaurantes y cocinas realmente buenas, innovadoras en su elaboración y con un gran producto, a precios más que correctos. Comida sana, de proximidad, km0 o slowfood… Por lo general no hay “idas de olla”, y de buen agrado pagas esa llamada “dolorosa”, saliendo del restaurante satisfecho por lo servido.

Hoy nos hemos ido a conocer a uno que se encuentra “a caballo” de las dos cabeceras de comarca – “equidistante” si lo prefieres –, como punto de encuentro para quienes bajábamos de arriba y quienes subían de abajo. Verlo lo has visto, está ahí, a la derecha de la carretera A-138 si subes – o a la izquierda si bajas – a la altura de la vigía protectora quizá más imponente del antiguo y extinto Reino de Aragón: Abizanda.

Como ya habrás podido deducir, nos hemos ido a comer al Restaurante del Hotel La Demba, un restaurado y reconvertido casoplón – voz aragonesa para designar a una casa grande – digno de las mejores familias de estas tierras montañesas. Lo cierto es que a la casa no le falta detalle, no en vano su concepto es el Arte – con mayúsculas – en si mismo: habitaciones diferentes, creadas por artistas y artesanos, rincones para el esparcimiento, la relajación o la realización de actividades y talleres, así como un largo etc.

Mención especial a su bodega, a la que puedes acceder libremente – ¡creo! – y en la que, a día de hoy, sigue oliendo a vino. Ese aroma a bodega de casa de pueblo, a siglos haciendo vino, a historia… ¡y a historias! – si esas piedras y toneles hablaran… –

Ya en la mesa, encontramos un equipo joven y con ganas, dispuestos a que salgas contento por 22€ en un menú “todo incluido” en el que podrás disfrutar de cuatro primeros, cuatro segundos y cuatro postres a elegir, y que al ser “todo incluido”, entra la bebida – en nuestro Tinto Roble con Denominación de Origen Somontano de Viñas del Vero – y el café, solo el café. El Puro y la copa no entran, por eso pongo “todo incluido” entrecomillado – ¡es bromi! –.

La presentación de los platos esta cuidada, pero no por ello saldrás con hambre. Las raciones son adecuadas y los postres generosos. Lo cierto es que es realmente nefasto pagar por comer y salir del restaurante con más hambre de la que has entrado, pero este no será el caso.

Sin lugar a dudas el sitio tiene encanto y su terraza – con vistas al Pantano de El Grado y a Torreciudad – pide a gritos una nueva visita una tarde/noche de verano, así que nos la apuntamos en la agenda para la próxima.

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