Gastronomía Sobrarbe

Casa Falceto, de Coscojuela al Cielo

Si – lo sé – quizá el título no es el mejor del mundo mundial, pero lo que si es cierto es que si estando en la Comarca de Sobrarbe quieres ir al cielo – con minúscula –, no queda otra que ir a Coscojuela de Sobrarbe. En esta localidad se encuentra el aeródromo con el que podrás surcar el cielo sobrarbés – o sobrarbense – abordo de un girolibre (más info.)

Pero si lo que quieres es ir al Cielo – ahora si, con mayúscula – gastronómicamente hablando también deberás hacerlo, porque la cocina del Chef Luis Mardomingo realmente es algo divino.

Cumplidos a parte – a los que podríamos dedicar un artículo entero – quizá no ya tanto por su cocina – que también, por supuesto, en eso estamos – sino por el trato humano y cercano que tanto él como su compañera Pilar os brindarán si os acercáis a este rincón del Pirineo, hoy hemos querido volver a comer a su casa. Ya lo habíamos hecho con anterioridad, varias veces por libre, en pareja y con amigos y hasta en una celebración familiar, pero no les habíamos dedicado una entrada en http://www.debocaencopa.com porque si bien existía como cuenta en Instagram – ¡con 1000 followers! –, no como web gastronómica, y como se lo merecen de verdad, ¡allá vamos!.

Lo primero es el lugar… sin duda. Se encuentra muy próximo a la villa medieval de Ainsa, pero con lo bueno de la tranquilidad que solo un pequeño pueblo del Pirineo Aragonés puede brindarte.

Tras cruzar la Plaza Mayor del pueblo, un gran jardín para aparcar te da la bienvenida; algún perro que viene y va, un gato que se despereza y el sonido lejano de un gallo aletargado – son las 13.30, por lo que debió tener una noche dura –.

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Lo cierto es que la casa impresiona. Es una de esas casas altoaragonesas grandes, con una gran puerta casi tan grande como la sonrisa con la que te esperan en el interior. La era/ terraza que hay frente a ella invita a sentarte a la sombra y pedir un vino. A leer un libro o a charlar con  un amigo. A pedirte una caña y a ver el sol caer.

Nada más entrar encontramos unas barricas, señal inequívoca de que en esta casa el vino es algo importante, y tras dejarlas a la derecha, encontramos el salón, que es una de las bodegas de la casa – abovedado, de piedra y bien iluminado –.

Ya en la mesa nos presentan su Menú y Carta de Vinos, en esta última donde cobran especialmente protagonismo los Vignerons Independientes de Huesca, amén de otras bodegas de reconocida trayectoria – no solo de la D.O. Somontano – si no de otras regiones.

Levantando la vista sobre el resto de mesas, hay de todo, un Viñas del Vero Gewürztraminer, un Otto Bestué y un par de “Retorno” de nuestro amigo Clavería Barrabés.

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Nosotros lo teníamos claro. Aunque la carta era – y es – extensa, y teníamos mucho donde elegir, nos faltaba un vigneron que aún no habíamos tenido oportunidad de catar. Y allí estaba. Una cuidada elaboración por parte de una pequeña “bodega de altura” que presume – y con razón – de tener los viñedos más altos de la Península Ibérica: a nada más y a nada menos que 1.300 metros de altitud – ahí es nada -. Bodegas Bal Minuta.

Más adelante dedicaremos un artículo completo a esta pareja de aventureros y a sus vinos, de los que os adelantamos, nos sorprendieron gratamente.

“El Vino de las nieves” – de Bal Minuta – es un vino blanco joven elaborado con las variedades de uva Riesling, Gewürztraminer y Chardonnay.  De este sorprendente – y tremendamente fácil de beber para el curioso #winelover – vino, nos quedamos con la frase con la que lo define sus creadores: “es el placer de saborear el alma del Pirineo, de paladear los momentos más fríos y de viajar a los paisajes de valles milenarios a través de la pantalla panorámica del paladar”Buen trabajo.

Como acompañamiento a este fantástico vino quisimos repetir un Ravioli relleno de seta y trufa que ya conocíamos. Tan buen sabor de boca nos dejó la última vez que queríamos repetir. Y no falló. Luis no falla. Brutal. Si vas no dejes de pedirlo.

¿Sabes cuando te dicen que un plato lleva trufa y la ves pero no huele? Bueno, pues aquí no solo la ves sino que además huele a trufa de verdad. Auténtica. Un aroma inconfundible que – entrecomillas – llega antes que el propio camarero.

Risotto – que también lo conocíamos – muy recomendable. Cremoso pero en su punto.

Como segundo quise cambiar. Casi siempre – de hecho siempre hasta esta última vez – me pido su Paletilla al horno, cocinada a baja temperatura, deshuesada y rellena de manzana, que está acojonante – ¿acojonante? ¿se puede decir eso aquí? – . La borda. Esta bien hecha, jugosa y con el punto de contraste dulce y ácido que solo la manzana puede ofrecernos.

Dicho esto – y por probar cosas nuevas – optamos por su Roll de Confit de Pato que también está muy rico, y por un Bacalao que se deshacía en la boca. Sin duda le tiene el punto cogido a todo.

De postre, Carpaccio de Piña para la señora y Torrija para mi. Si hace 10 años me dicen que me iba a comer una torrija cada vez que tuviera la oportunidad no les hubiera creído… y miradme ahora, aquí estoy, de torrija en torrija… – ¡Qué mal ha sonado eso! -.

La verdad es que por 22 € – vino aparte – de Casa Falceto… ¡al Cielo!

¡No cambiéis y hasta la próxima amigos! ¡Amenazamos con volver!

 

 

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